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Terapia intensiva

Boca jugó muy mal y cayó ante River por 1-0. El conjunto de Núñez cortó la racha negativa en los clásicos gracias al tanto de Jonathan Maidana, un jugador con pasado Xeneize. Boca desde el arranque se repitió en una fórmula inútil: el pelotazo desde el fondo para que Martín Palermo la baje y los […]


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AVISO: Esta publicación es de hace más de un año.

Boca jugó muy mal y cayó ante River por 1-0. El conjunto de Núñez cortó la racha negativa en los clásicos gracias al tanto de Jonathan Maidana, un jugador con pasado Xeneize.

Boca desde el arranque se repitió en una fórmula inútil: el pelotazo desde el fondo para que Martín Palermo la baje y los hombres de arriba se arreglen como puedan. Juan Román Riquelme, muy marcado, lejos de su plenitud física y desfavorecido por el juego del equipo no pudo darle al Xeneize claridad en los últimos metros.

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A través de Ariel Ortega, como valuarte principal, River complicó a una frágil defensa boquense, especialmente durante la primera media hora de juego y a las espaldas de Clemente Rodríguez. Boca sufrió tanto por el medio como por los costados y Ortega y Mariano Pavone tuvieron sus ocasiones.

Los dirigidos por Claudio Borghi, en cambio, no hilvanaron jugadas claras de ataque en toda la primera parte.

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Para peor, en el entretiempo Juan Román Riquelme debió salir y le dejó su lugar a «Pochi» Chávez. Así, el conjunto visitante perdía a su hombre creativo, que claramente no estaba para disputar este encuentro. El diez se sostuvo en cancha simplemente por portación de apellido.

Lo que se veía venir se produjo a los ocho minutos de la segunda etapa. Córner desde el sector derecho, que conectó Jonathan Maidana y puso en ventaja a River. Recién a partir de ahí Boca reaccionó o, al menos, intentó proponer algo (muy poco, casi nada).

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Los ingresos de Monzón y Viatri, por Méndez y Mouche, poco sirvieron para buscar el milagro. Sí, digo milagro porque en ningún momento el Xeneize dispuso de alguna situación clara para igualar el encuentro.

Lo único que mantuvo vivo a Boca hasta el final fue que su rival no fue efectivo a la hora de la definición y varias veces chocó con las grandes respuestas de Javier García.

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El reloj se consumía, al igual que las ilusiones del pueblo bostero. Los últimos minutos fueron más de lo mismo: un River que se aferraba a esa mínima ventaja y apostaba al contraataque, mientras que los dirigidos por Borghi continuaban abusando del pelotazo.

El pitido de Baldassi puso fin a una actuación muy mala de Boca. El equipo quedó en terapia intensiva y con pronóstico reservado.

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