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Recuerdo

El mundo a sus pies

En esta sección les presentaremos una serie de escritos que reflejan la pasión por Boca Juniors. En esta entrega, revivimos la Copa Intercontinental 2000. Eran las 4:30 y mi viejo me despertaba. “Dale Juanjo, dale que llegamos tarde”. En el mundo hay personas puntuales y mi viejo. Pero esta vez la puntualidad era más profunda, más […]

AVISO: Esta publicación es de hace más de un año.

En esta sección les presentaremos una serie de escritos que reflejan la pasión por Boca Juniors. En esta entrega, revivimos la Copa Intercontinental 2000.

Eran las 4:30 y mi viejo me despertaba. “Dale Juanjo, dale que llegamos tarde”. En el mundo hay personas puntuales y mi viejo. Pero esta vez la puntualidad era más profunda, más importante, más puntual que nunca. Es que había que viajar a Arroyo Cabral a unos ¡20 kilómetros de Villa María! El viaje era porque al tener únicamente Multicanal en Villa María, no se iba a ver en las casas de mi ciudad el partido. Entonces todos nos subimos a la ruta con la esperanza de que fuera.

Gastón y dos tipos más iban en la camioneta. Mi viejo me confesaba que al conductor lo acompañaba su amigo de River. Yo decía “La puta madre, ¿qué hace uno de River acá?”. Con el tiempo me daría cuenta de sus ganas de ver algo nacional en Tokio le habían hecho estar presente en una jornada histórica para el país, no para él.

Arroyo Cabral ese día tuvo más gente de la común. Yo creo que lo triplicamos demográficamente, tanto que si era día de Censo Nacional, los libros hubiesen mentido la cantidad de habitantes. Y para peor, todos amontonados en bares. O en un bar en especial. No recuerdo el nombre, sí que era una esquina. Todos cantaban y gritaban.

Yo venía confiado. En una suerte de soberbia, no se me podía hablar de fútbol porque yo irritaba. Era mucho más chico. A mis 12 años yo ya veía a Boca jugando una Intercontinental y nadie me quitaba de la cabeza que la única posibilidad era ganar. Cosa diferente pasaría unos años más tarde contra Milan, cuando René, una especie de padre, me calmaba diciendo que Boca iba a ganar porque íbamos de punto.

Pero en mi prematura cuasi sabiduría de fútbol, me preguntaban y yo decía que ganábamos. Palermo y Riquelme eran mis armas de defensa. Yo sabía que ellos iban a hacer algo grosso. Pero además Bianchi. Su equipo de Vélez había sido el último sudamericano en ganar en Japón.

El día anterior en una especie de sabiduría cuasi religiosa -hablando de mi religión Boca- mi mamá me preguntaba si era capaz de faltar al colegio. Que había que hacer una especie de pesebre, como trabajo final, que no me iban a aprobar. Y yo la miraba como diciendo, “la única cosa que me interesa aprobar es mi historia de bostero. Y aparte la Iglesia no lo diría, pero Jesús y Dios son de Boca”.

Unos minutos antes del comienzo del partido se cortó la transmisión en el bar. Los cuatro televisores 20’’ que estaban en lo alto se quedaron con la famosa lluvia. Algunos chistosos jodían con que no había pagado el cable, otros lo querían trompear. Cuando nos íbamos yendo del bar, uno gritó: “Volvióoooooooooo” y a las corridas buscamos nuestros asientos.

En una mesa para cinco, éramos diez. Mi viejo me miraba de reojo, como diciendo si este no se me muere hoy, no se muere más. Yo estaba colorado. Tenía miles de procesiones que iban por dentro. La voz se cortaba. Cada tanto un cantito, pero no más. Eso se lo dejaba a los que con los tetra en la mano, se olvidaban por momentos de lo que pasaba…

En una de las transmisiones, la de TeleMundo,  decían que eran increíbles las miles y miles de gargantas sudamericanas coreando nombres de jugadores de Boca, desde muy temprano. “Impresionante el aliento por Boca”, insistían antes del minuto tres.  Es que fueron unos 10.000 bosteros – caso único en la historia de las finales entre los mejores de América y de Europa-. En el minuto 4, se escucha el cantito que acusaba que “este año no paramos hasta ser campeón mundial”. Porque Martín ya había hecho de las suyas…

Minuto tres y todo el mundo haciendo una avalancha en el bar de Arroyo Cabral. Nos abrazábamos y gritábamos. Yo lloraba como siempre, como nunca. Mi viejo aprendería que esas lágrimas son mi forma de festejar. Víctor Hugo relataba que Boca jugaba con la autoridad con la que lo hacía en Casa Amarilla, Alejandro Fantino gritaba que Matellán se la pasaba a Delgado, que metía el centro y el gol de Martín. Roberto Leto se emocionaba. “Boquita madruga como ustedes hinchas de Boca del otro lado”.

Cuando uno se pellizcaba para saber si era un sueño o no, llegó el maravilloso pase de Román para Palermo. El grito ahogado y furioso. El abrazo de segundos eternos con los de ahí. Mi viejo me secaba las lágrimas para que viera en la televisión, que eso no era un sueño. Que era real. Y el Real que quería despertarse de su pesadilla. La imagen de ese gol son los suplentes con el camperón y la pipeta Nike amarilla, corriendo, festejando. Fantino gritaba por Dios, por Judas, por Canon, agradecía la alegría, mientras se acercaba nochebuena, mientras se acercaba Navidad, mientras que para todas las gallinas el regalo de Papá, y yo…

Yo que pedía a los dioses, a los santos, a los jugadores, a todos que aguantaran, que me dijeran que no era una joda de Tinelli, como explica Basualdo en el Libro “Boquita” de Caparrós.  Yo que vi como Roberto Carlos clavaba el gol y hacía vibrar las paredes del bar, por los golpes que le daban los más enojados.

Yo que veía como Riquelme la paraba y la guardaba. Le decía: “Vos te quedas acá conmigo, que nadie te va a tratar tan bien como yo”. Y la pelota le hacía caso y se quería quedar en su suela, en su zapato. Porque esos no eran botines, eran zapatos de gala. Era lo que se tenía que poner para la ocasión. Yo que hablaba con Gastón, que me aseguraba que ya estaba. Que faltaba menos. Menos eran 45 minutos más. Pero igual. Que Boca sabía de estas cosas. Pero yo no sabía cómo manejarlo. No comía, no podía. La panza hacía ruido, el que estaba al lado hacía ruido con la punta del Vino Toro, pero yo estaba ahí. Mirando la cancha. Cómo esos tipos dejaban bien parado al país. Como ponían a Boca en lo alto. Como aplaudían a Palermo y a cada uno de los que estaban.

Y yo, que cuando terminó me abracé. Con todos, cualquiera fuera, no importaba. Necesitaba compartir esa felicidad. Yo que me arrodillé para llorar, para agradecer a la vida, a ese bar, haberme dado lo mejor en Noviembre. Yo que estaba entrando a la adolescencia y que comenzaba a tratar sobre temas sexuales, tuve uno de los mayores orgasmos que el fútbol me pudo dar.

Ahí estábamos todos. Gritando y de caravana a Villa María, para festejar. El de River que me felicitaba,  la Plaza Centenario fue nuestra plaza. Los insultos a Multicanal, el himno de Boca al sacar la bandera argentina y poner la azul y amarilla en el mástil.

Yo que me había rendido a Boca de por vida. Yo que me arrodillé a los pies de Román, a los de Martín, a las manos de Córdoba, a la autoridad del Patrón, a la experiencia de Basualdo, a los avances de Ibarra, a la presencia del Chicho, a las corridas de Delgado, al abrazo de Guillermo con el Loco, a Seba, a Burdisso, a Matellán, a Traverso, y a la mente de Bianchi. Que recibió la Copa en manos de su capitán. A ese tipo que logró poner un equipo con el que me arrodillé y lloré. Que me hizo vibrar, sentir, emocionar. Que me hicieron ver lo que era la gloria. Lo que era Boca a nivel mundial. Lo que sigue siendo Boca para el país. Lo que va a ser Boca en mi vida. Esos momentos de placer y de sufrimiento, esos sacrificios sin más, esos partidos sin menos. Ese recuerdo de aquel 28 de noviembre donde todos nos arrodillamos a los pies de ellos, y donde el mundo se arrodilló a los pies nuestros.

Al otro día volví al colegio.  Eran tiempos donde creía mucho en la Iglesia y en la religión. Alejado de eso ya, me acuerdo que me miraron raro por saber cómo era con las cosas religiosas, como el caso del pesebre. Me dijeron que no hacer el pesebre me bajaba la nota de concepto. Yo los miré como diciendo, “Pobres, no entienden de festejos. No entienden de momentos. No saben que Dios, ayer anduvo por Japón y que es bostero”.

22 Comentarios

22 Comentarios

  1. Avatar

    Marcos

    29 de noviembre de 2012 at 03:59

    Que recuerdo !!! Ya vamos a volver a Jap

  2. Avatar

    Diego

    28 de noviembre de 2012 at 11:24

    Impresionante historia! Emocionante como aquel preverano del 200

  3. Avatar

    Pablo

    28 de noviembre de 2012 at 11:49

    Simplemente me hicieron emocionar

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    Nicolas

    28 de noviembre de 2012 at 12:29

    La concha de su madre q lindo :'( que hermoso es ser de Boca <3

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    Luisi

    28 de noviembre de 2012 at 12:44

    que emocion.

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    Gaston

    28 de noviembre de 2012 at 12:48

    Que buen Artículo Juan!! Que recuerdos!! Un viaje que daba la sensación que íbamos a tokio!! Valió la pena todo…. ojala se repita pero como es boca seguro que si porque nos tiene acostumbrados!!

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    Mauro

    28 de noviembre de 2012 at 13:00

    tienen que volver bianchi y riquelme para el año que viene. asi jugaremos el mundial de clubes

  8. Avatar

    Luisina

    28 de noviembre de 2012 at 13:19

    Apenas tenia 6 años en el 2000 y recuerdo poco y nada de lo acontecido, pero es gracias a articulos como este que puedo imaginarme lo que fue. Me encanto, maravilloso relato, piel de gallina, lagrimas.. Gracias, gracias MAGNIFICO.

    Saludos.

  9. Avatar

    ale xeneize

    28 de noviembre de 2012 at 15:18

    que buen relato Juanjo! ese día fue emocionante, unico para todos los bosteros!!

  10. Avatar

    Francisco

    28 de noviembre de 2012 at 15:27

    Yo los miré como diciendo, “Pobres, no entienden de festejos. No entienden de momentos. No saben que Dios, ayer anduvo por Japón y que es bostero”.

  11. Avatar

    Jonatan

    28 de noviembre de 2012 at 15:59

    Impresionante.. como decirlo, sin querer la piel de gallina se me puso.. Ese bar seguro se sintio como en el bar donde lo vimos nosotros. Gracias Boca por esa alegria. que fue la primera que vi despues llego la del Milan pero como todos dicen la primera es la mejor =D

  12. Avatar

    Cristian

    28 de noviembre de 2012 at 17:06

    Que lindo que es ser de Boca.. Te amo Boca de mi vida!

    Lloro como un boludo.

  13. Avatar

    kikin

    28 de noviembre de 2012 at 22:59

    que lindo ser bostero nadie de afuera entiende esta hermosa locura… me hicieron emocionar…

  14. Avatar

    hector

    29 de noviembre de 2012 at 01:20

    Cinco mundiales jugados, tres ganados…..diez finales de Copa Libertadores, 6 ganadas!!!!!!!!!!!Sencillamente impresionante!!!!!!!!!!

  15. Avatar

    MELI

    29 de noviembre de 2012 at 09:51

    HERMOSO, EMOCIONANTE RELATO JUAN!

  16. Avatar

    el patriota bostero

    30 de noviembre de 2012 at 10:44

    uno de los dias mas felices de mi vida

  17. Avatar

    monchi

    28 de noviembre de 2013 at 10:38

    me hiciste llorar la concha de tu madre! que hermoso es ser bostero y compartir estos sentimientos con tantos hermanos. simplemente uno de los dias mas felices y claves en toda mi vida

  18. Avatar

    santi

    28 de noviembre de 2013 at 10:53

    Impresionante, la piel de pollo y se me caen las lagrimas, por favor. Que epocas, solo 6 años, no pude dormir ese dia, que linda niñez me regalo boquita, era enbanderar el colegio despues de cada logro, refregarselo a los pocos que no eran de boca. Y termine la secundaria festejando el descenso de riber, con una lluvia de afiches cayendo al recreo desde el 5to piso. Gracias boca por tanto, ese dia fue mi primer recuerdo completo que tengo de boca. Gracias Carlos, Martin, Roman, hugoN patron, pepe, seba, Mate, Oscar. Todos. Gracias a boca, a mi viejo y a mis dos abuelos, todos enfermos de boca carajo!

  19. Avatar

    dario

    28 de noviembre de 2013 at 11:03

    Muy excelentes recuerdos Boca el mejor el mundo y tambien recuerdo http://www.youtube.com/watch?v=ZkyqWDuQBr4 cuando le ganamos al milan por penales que hermosos recuerdos

  20. Avatar

    micaela Uranga

    28 de noviembre de 2013 at 11:25

    Te juro que cada palabra , cada letra que leia de este post, hacia que se me cayeran las lagrimas, sin mas esta decir que me hubiese encantado poder haber pasado lo que viviste vos en ese momento :3 yo se que las vueltas de la vida nos van a llevar nuevamente a japon o a otros lugares de la otra parte del mundo, por que asi es boca, LO MEJOR del mundo. Esto es algo hermoso que mi papa que me dejo de muy chiquita para irse a un lugar de gloria, me pudo dejaar & es Ser Bostera :3

  21. Avatar

    EL BOSTERO NUMBER ONE

    28 de noviembre de 2013 at 14:33

    Que maricon que soy,me hicieron llorar,Gracias Planeta,simplemente gracias.

  22. Avatar

    mariano

    28 de noviembre de 2013 at 15:48

    que lindos recuerdos, que epocoa gloriosa. esperemos que lo dejen trabajar tranquilo a Bianchi y vamos a volver a Japon.

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