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Recuerdo

El generador de terremotos…

En esta sección les presentaremos una serie de escritos que reflejan la pasión por Boca Juniors. En esta entrega, el recuerdo del eterno Oscar «Cacho» Laudonio. El tan querido «Loco Banderita»… Existe una tonada hermosa de Armando Tejada Gómez y Tito Francia, en donde se escucha: “Voy de paisaje en el alba/ Y me parezco […]

En esta sección les presentaremos una serie de escritos que reflejan la pasión por Boca Juniors. En esta entrega, el recuerdo del eterno Oscar «Cacho» Laudonio. El tan querido «Loco Banderita»…

Existe una tonada hermosa de Armando Tejada Gómez y Tito Francia, en donde se escucha:

“Voy de paisaje en el alba/ Y me parezco al paisaje/ Por fuera, el verde del clima/ Por dentro, el sol de la sangre/ El paisaje va conmigo/ Y es un hermoso habitante”

Cambiando la letra de Regreso a la Tonada, se podría explicar mejor a Oscar “Cacho” Laudonio.

“Voy de Boca en el alba/ Y me parezco al paisaje/ Por fuera, el verde clima de cancha / Por dentro, el azul y oro en la sangre/ El paisaje de Boca va conmigo/ Y es un hermoso habitante”.

Es que “Banderita” era eso: un paisaje de Boca andante. Boca habitó tantos años en su cuerpo, en sus ropas, en su murga y en su alma, que todavía no podemos sentarnos a llorarlo.

Laudonio

Oscar Armando “Cacho” Laudonio nació en 1936 en Villa Urquiza, barrio porteño que peleó con La Boca ser su lugar en el mundo. En ese barrio vivió toda su vida “porque ahí había amor”, como él mismo decía y por lo que siempre lo puso por encima de destinos que conoció gracias al boxeo y a Boca, como Las Vegas, Holanda, Japón o cualquier otro donde “sólo había oro”.

Fue el sexto de nueve hermanos y muy compinche del que le siguió: Abel, un gran boxeador y ganador de varios títulos en el peso ligero y medalla de bronce en los JJ. OO. De 1960. A este siempre lo acompañó y ayudó a entrenar haciendo de entrenador en el Club Parque Chas. Buscadores de roñas de chicos, aprendieron a pelear en la calle y se fue perfeccionando. Del mismo modo que su baile y su “carnaval”, porque no solo entrenaba después de haber pasado la barrera de los setenta, sino también el bailar con la murga Los Fantoches de Villa Urquiza y el Centro Murga Los Inocentes.

“Cacho”

Villa Urquiza y La Boca, lugares físicos, convivieron en “Cacho” tanto como sus dos pasiones y sus lugares del alma: Boca Juniors y el Boxeo (y le podríamos sumar el Peronismo). Con tan sólo 15 años, «Cacho» Laudonio ya sabía lo que era vivir a Boca desde adentro. Fue mascota del primer equipo en 1951, casi como un presagio de lo que vendría después. Pero no sólo eso: tuvo la oportunidad de boxear en La Bombonera, ante la mirada de Juan Domingo Perón en 1953, en el entretiempo de un Superclásico cuando realizó una exhibición junto a su hermano. Si antes amaba al “General”, luego de eso lo comenzó a endiosar y le fue leal hasta su último día.

En 1961 su carrera como pugilista se transformó en la de maestro de Box y de la vida, sacando a los pibes de la calle. Les enseñaba a boxear, entrenarse, pero sobre todo a superarse. Él lo había hecho en el mundo del Boxeo siendo el encargado del Gimnasio Argentino en Boxeo, y veedor de nuevos púgiles.

De ese modo empezó a trabajar en Boca, enseñando boxeo. En 1985 Antonio Alegre le dio trabajo de controlador de entradas. El tipo que ya había entrado en Boca, ahora empezaba a mantenerse en ese lugar…

“El Loco”

1991 es el año en que empezó – o continuó- la locura para Laudonio y la magia para todo el mundo Boca. Fue cuando se cumplió su sueño de poder trabajar de utilero, luego de haber pedido a uno de los miembros de La 12, que le hiciera llegar a trabajar cerca de los jugadores. “Si hace falta los baño y los seco”, decía. Pero no hizo falta eso para que en el ’92 llegara a ser el Jefe de Utilería y con el tiempo el “ídolo de los jugadores”. Solo había que entender lo que era Boca: “Yo le decía a un tal ´Pacarito´ que salía siempre antes que los jugadores, que tenía que hacer cosas para que todo el estadio lo viera no sólo la platea”. Cuando este falleció le “dejó” el lugar a Laudonio. Era el momento para que se cumpliera lo que él mismo había definido de cómo debería ser la salida del Xeneize: “Boca es pasión de multitudes, es carnaval carioca. La salida de Boca tiene que ser apoteótica, por eso es Boca…”.

“Banderita”

Apoteótico. Esa es la mejor palabra que define a “Banderita”, fiel exponente de lo que debe ser Boca. Porque Oscar es gigante, tremendo. Un paisaje donde confluyen varias cosas: el barrio, la calle, el tango, la pasión, el fútbol, locura, murga, carnaval, brillo, fidelidad, popular… “Cacho” fue Boca. Y Boca, se resumió en cada salida, en cada una de sus arengas. Alguien escribió por ahí que ni Fontanarrosa se imaginó un personaje como él, que era la síntesis de la retórica, la estética y la ética popular. Debería haberlo hecho porque Laudonio da para un personaje de historias, por más que todas las historias hayan hecho a este personaje.

Primero alentando con las manos, luego una bandera chica y más adelante “la bandera” icónica, con luces, con fotos envidiables, con esa agitación destacable.

Ese crecimiento también se vio en el cariño, el respeto y la admiración del pueblo de Boca, que lo tomó como su mascota. Su as de espadas para las fiestas. Yendo a peñas, hablando para explicar lo que era Boca. Pero además en el amor y el profesionalismo que ponía en su labor, su hermosa tarea y su atuendo. No era un disfraz: era el mejor uniforme que podría existir. Hecho por la modista Irma Serio, parecía que no iba de la mano ese apellido con lo que llevaba puesto. Pero sí la explicación de mantenerse por tantos años. Porque ser “Banderita” para “Cacho” era todo: su terapia y su diversión, llevado a cabo con la seriedad de los niños.

La conducta del deporte que siempre pregonó fue la que lo llevó a ser lo que fue y como fue. Solamente una vez derrapó en su máxima, que fue cuando estuvo ausente por tres meses, luego de pegarle una patada al jugador Bautista de las Chivas, en los cuartos de final de la Libertadores 2005. La segunda vez que estuvo ausente fue en 2018, cuando lo habían separado tras una sospecha por la desaparición del celular de un juvenil. En ese entonces, Cacho recibió llamados de Carlos Tevez y Guillermo Barros Schelotto para brindarle el apoyo y pedir por su vuelta. Fueron días donde se despertaba a las tres de la mañana llorando, por una injusticia sin presentes.

Hoy los que lloramos somos nosotros, la familia bostera, que perdió a uno de sus integrantes más queridos. Porque “Cacho” Laudonio no fue alguien más. Alguien que entendió como nadie eso de que ser de Boca es ser algo distinto. Una de las personas que nos transformaron en diferentes. Un símbolo de identidad popular, que se nos transformó en alguien cercano, porque cada vez que cantamos “Boca, mi buen amigo” se nos viene él, con sus luces brillantes y su galera festiva. Con su bandera en lo alto, con su puño apretado para darle puños a la vida. porque Oscar, siempre fue “Cacho” y Laudonio siempre fue “Banderita”. Idolo de grandes y de chicos, de los jugadores y de la historia misma.

Encargado de las pelotas de afuera, para que la de adentro nos diera alegrías. El primer gran “Loco” de Boca, una institución andante, el que conoció todos los rincones desde la utilería; la emoción a flor de piel cuando hablaba de la gloria boxística o la de Boquita; la vuelta olímpica cada domingo ayudado con el flameo de su banderita; las copas que se colgaban de su pecho, las fotos en su espalda y el escudo Justicialista; la risa latente y siempre presente, el saber que Boca es lo más grande del mundo; el protocolo de la fiesta, el ritual del festejo, el que tenía un lugar de privilegio cuando el césped se levantaba, cuando la cancha se venía abajo y el cemento se movía. Él, el que comenzaba con todo el griterío, el rugido del estadio, el que manejaba a las masas, el director de la orquesta de gargantas azules y oro; el que pidió entrar a trabajar limpiando baños si hacía falta, y el que se fue bañando de oro entre tanto viaje y viaje; el que tuvo uno de los mejores papeles, cuando los papelitos se movían; el que se preguntaba cuánto vale esa bandera, por la emoción que conlleva. El que sonreía con los globos desde la popular y la platea, e inflaba su pecho sabiendo el lugar que siempre ocuparía.

El que comparaba las salidas con un terremoto; el que quería que cada hinchada tuviese su “Banderita”, por más que la única que podría haberlo tenido es la de Boca, las demás a un tipo así no lo entenderían.

Un tipo que amó como nadie y fue querido como a pocos. El que tuvo “banderas en su corazón” y todos nuestros corazones en su bandera.
El que era donde habitaba el paisaje de Boca. El que defendía la salida del equipo como a nadie, “¿si hay un 0 a 0, quien festeja?” El que nos hizo festejar antes de los festejos, el que nos hizo emocionar antes de las emociones, el que nos hizo gritar antes del griterío, el que nos hizo saltar las lágrimas antes de que salten los cuerpos…

Hoy las lágrimas saltan de nuevo, pero son porque cuando vuelva a salir Boca a la cancha, él estará flameando su bandera desde la cuarta bandeja. Porque no se fue uno más. Se fue uno de los personajes más hermosos de Boca. Uno de los que forman parte de la lista de la gente necesaria. Se fue el que movía la bandera, pero era más que eso: el que movía a los sentimientos.

Se fue una síntesis de lo que es vivir y sentir Boca. Se fue «Cacho» Laudonio. Se fue el «Loco Banderita».

Lo peor de todo es que nos va a durar muchísimo esta tristeza, porque él era el carnaval…

De chico una vez me preguntaron: «¿Te gustaría ser cómo el ‘Loco Banderita’?». Obvio que sí, dije. Porque cuando sale Boca a la cancha como él decía, es un terremoto. Y era el «Loco Banderita» el que lo generaba…

Descansá en paz «Cacho». Te quisimos, te queremos y te vamos a querer toda la vida «Banderita». Jamás te vamos a olvidar…

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